Felipe Vaquerizo, músico de toda la vida

"La música es parte de mi y seguirá siempre conmigo"

Felipe Vaquerizo, músico, lleva toda la vida tocando el acordeón. Le llamaba tanto la atención la música que se subía con los músicos al escenario y a veces ni bailaba, ni siquiera con" la Tecla" su novia entonces y después su mujer, que tenía que buscarse otra pareja, apunta riendo. Empezó sus clases de solfeo bajo las órdenes de Vicente Montañés que había sido sargento de la banda militar de Badajoz y se casó con una herrereña. Con 17 años cuidaba cabras en Peloche y mientras, solfeaba y aprendía sus lecciones como alumno aplicado que era, pues la afición por la música le atrapó y aún no le ha abandonado.
Su padre, Marciano Vaquerizo, cuando le confesó su interés por la música no le puso impedimento alguno y le mandó a estudiar a Talarrubias. Comenzó aprendiendo con el método que le enseñó el maestro Francisco Pecos "Frasquillo". Allí Felipe aprendió a tocar el acordeón y tuvo su primera actuación en el "Salón Emiliano", cuñado de Frasquillo; "eran tales los nervios que tenía que todo lo veía blanco, no veía las notas", nos dice Felipe.
Su primer acordeón fue un LORETANI y se lo compró su padre a Roberto, que lo trajo de Canarias, por 3.000 pesetas. El gerente del" baile de Montañés" tocaba el saxofón y le contrataba para tocar el acordeón junto con Apolonio Carretero que tocaba "el chamba". "Allí he pasado muy buenos ratos y Montañés me propuso comprar el local, pero lo compró Antonio Calle y me fui al baile de la Chinita" otro de los locales emblemáticos de Herrera. Por entonces ganaba 20 duros y lo compaginaba con su trabajo de panadero: "de la música al pan, no había descanso y tenía que aprovechar para sacar adelante a una familia con 4 hijos", nos dice.
Sus viajes a otros pueblos para tocar los hacía primero en burro, con un serón donde metía su acordeón y un canto como contrapeso, "lloviera o hiciera frio yo iba donde me llamaban"; después se compró una moto y se hizo una especie de mochila de tela para llevar el instrumento a la espalda; ya más modernizado pudo adquirir un "dos caballos" y ahí viajaba con Félix Navas que ya tocaba con él la batería y más tarde se incorporó su hijo Felipe que tocaba el saxofón, y por último su hijo Antonio. Supo inculcar el amor a la música a su familia, ya que no solo sus hijos, sino también sus nietos son músicos y tienen una orquesta llamada "Aires Siberianos" conocida por todos.
A sus 77 años Felipe nos dice que no se cansa de tocar el acordeón, que lo dejará cuando se vaya al otro mundo. Su pasodoble preferido es "El Gallo". La vida de este músico es muy sencilla, sigue yendo al campo; su olivar y su huerto le entretienen a diario desde su jubilación, y su acordeón sigue yendo con él, no en vano siempre se le ha conocido como Felipe y su Acordeón; "la música es parte de mi y seguirá siempre conmigo", nos dice mientras entona otro pasodoble en ese gesto que demuestra que su acordeón y él son una misma persona.